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    viernes, 23 de mayo de 2014

    Siempre quedará mañana

    Temporada finalizada. Suele ocurrir cuando la temporada se aleja a lo que uno inocentemente optimista pensaba que sería, y el fracaso empieza a colear de lejos, que se piensa en el futuro. Se piensa en la siguiente temporada, qué jugadores serán vendidos y qué jugadores vendrán a renovar los aires del equipo. Qué proyecto se moldea para forjar esa confortable ilusión veraniega. En el Barcelona ha pasado eso, y no sólo futbolistas, también ha aterrizado Luis Enrique cargado de entusiasmo y ganas de trabajar, un entusiasmo que ha transmitido a la gente. Los culés están hambrientos, un año en blanco es doloroso si hablamos del Barcelona, sólo les queda una cosa: el mañana.



    Quiero verte amanecer y verte anochecer... así reza uno de los versos del clásico "Mañana" del gran Mikel Erentxun, poeta de kilates en España. Eso nos pasa a muchos con el Barcelona, semper fidelis a las barras blaugranas. Ayer tocó verle amanecer, hoy toca verle anochecer; pero siempre ahí.

    Resulta que tras ver anochecer a este Barcelona, víctima de un entorno congelado y perverso, y nosotros, víctimas de la impaciencia y el incoformismo, queremos verle amanecer de nuevo. Para eso vino Lucho, para devolvernos el Sol y delegarnos de nuevo su cetro. Hubo un tiempo donde el Sol veía salir al Barcelona, aquellos años hicieron tanto bien al Barcelona y tanto mal al club que aún no ha sido capaz de superarlo. Como una ex novia que reina en tu melancolía y cuyo recuerdo sólo empeora tu presente. Guardiola fue una novia excepcional, de esas que te enderezan y que al perderlas te das cuenta.

    Pep instauró en Can Barça una metodología que se había olvidado. Van Gaal dejó ver la mirilla del submarino pero Guardiola lo emergió enteramente. Intensidad en los entrenamientos como si fueran partidos, disciplina férrea y sudor como única fragancia al término. El resultado fue devastador y recordó incluso a ese Ajax y Holanda de Cruyff, del fútbol total. Se practicó en esa época un culto al físico casi enfermizo que provocó que los jugadores del club tulipán fueran los mejores atletas del continente: no había en Europa nadie que corriese más o fuese más fuerte que los holandeses. Pep recordó esos años, y tras una clase práctica de 4 años con uno de sus protagonistas, Cruyff, decidió que su Barça sería así. Y lo consiguió.



    Los dos últimos años eso se ha esfumado tan rápido que alguno ni se dio cuenta. La dejadez y el conformismo se han implantado en el vestuario como el amargo olor a gasolina y como éste, a los jugadores les acabó gustando. Lucho viene aquí a volver a implantar ese Barça de la disciplina física y el compromiso incondicional. Vimos amanecer al Barça, hoy lo vemos anochecer, pero como decía Erentxun: siempre quedará mañana.




    Autoría de fotografías: El esportiu y MARCA
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