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    jueves, 12 de junio de 2014

    Sócrates, doctor y filósofo del fútbol mundial


    Desde que se jugara el primer Mundial de fútbol en Uruguay, en 1930, muchos jugadores de varias nacionalidades han destacado en este tipo de torneos. No podemos olvidarnos de Maradona, Pelé, Cruyff, Platini… pero sin duda hay uno que destacó por encima del resto, Sócrates. Y es que, aunque no llegó a ganar ningún Mundial con Brasil, capitaneó a una de las mejores selecciones de todos los tiempos, la creadora del famoso ‘jogo bonito’ con jugadores como Zico, Falcao o Eder.

    Con una altura de 1,92 y unos pies extrañamente pequeños (calzaba un 37), marcó una época en Brasil. La elegancia con la que manejaba la pelota, su extraordinaria visión de juego y su liderazgo, hicieron de él un ejemplo a seguir dentro de los terrenos de juego. Su jugada más característica eran sus famosos pases de tacón, con los que a veces tiraba penaltis en los entrenamientos. Nunca fue un portento físico, y no destacaba en velocidad, pero Pelé, que le incluyo en la lista Fifa 100 (123 hombres y dos mujeres) mejores jugadores vivos (2004), decía de Sócrates que jugaba mejor hacía su campo que muchos otros hacia delante.

    Este centrocampista brasileño nació en Belém en 1954, en un ambiente poco propicio para destacar en el fútbol, ya que su padre le prohibía practicar este deporte. Pese a las continuas broncas de su progenitor, él decidió jugar en secreto, y mientras se sacaba la carrera de medicina, comenzó en las categorías inferiores del Botafogo. El salto al fútbol profesional lo dio en 1974 como jugador del Riberão Preto (municipio del estado de Sao Paulo).

    La carrera de Medicina le mantuvo ocupado hasta el año 1978, cuando debutó oficialmente con el Corinthians.El fútbol se tornó una profesión para mí sólo con 24 años. Era muy delgado, y no tuve posibilidades de tener una preparación física adecuada", comentaba el propio Sócrates en una entrevista para SportTV.

    En el ‘Timao’, cariñoso apodo con el que se conoce al Corinthians, consiguió ganar tres campeonatos Paulistas (1979, 1983 y 1984) pero su mayor logro fue comandar la ‘democracia corinthiana’. Harto de la dictadura militar insaturada en Brasil por Figueiredo, en 1982 creó este movimiento dentro del club, en el que las decisiones se tomaban de forma consensuada. La ‘democracia corinthiana’ era un modelo de autogestión por el cual se daba libertad a los jugadores y demás miembros del club para votar fichajes, alineaciones, horario de entrenamientos, etc… Todas las decisiones se tomaban democráticamente y por mayoría, valiendo por igual los votos de un jugador, utillero o directivo.

    En 1984, avalado tras su buena etapa en el Corinthians (en 1983 le nombraron mejor jugador de Suramérica), Sócrates decidió probar suerte en el fútbol europeo. Su destino, la Fiorentina, en Italia. Allí sólo duro un año, ya que no consiguió brillar (6 goles en 26 partidos) y decidió volver a Brasil. Comenzó su segunda etapa en el Flamengo, más tarde fichó por el Santos, y finalmente volvió al Botafogó, donde se retiró en 1989.

    Con Brasil participó en dos mundiales, el de España en 1982 y el de México en 1986 y en ambos lo hizo como capitán de la ‘canarinha’. Aunque en ninguno de ellos, ni Sócrates, ni Brasil pudieron alzarse con el trofeo de campeones, el mundo del fútbol les tiene muy presentes. Por aquellos años, la selección que capitaneaba Sócrates contaba con jugadores de la talla de Zico, Cerezo, Eder o Falcao. Para muchos, estos jugadores han sido los creadores del famoso ‘jogo bonito’ de Brasil.

    La mala suerte se cruzó en el camino de aquel maravilloso Brasil de los 80. Primero fue en nuestro mundial, el de España de 1982. En aquella ocasión, la ‘canarinha’ arrasó a Escocia, Nueva Zelanda y Unión Soviética en la primera fase, donde ganó los tres partidos. Se jugó el pase a semifinales contra Argentina e Italia, y aunque ganó a la albiceleste, sucumbió ante los italianos en un magnífico partido de Paolo Rossi, autor del hat-trick que permitió a la ‘azzurra’ seguir su camino hacia el que sería su tercer campeonato. Sócrates maravilló a los espectadores con su juego y sus goles, recibiendo junto a sus compañeros, el premio al juego limpio. 

    Cuatro años más tarde, en México 86, la historia se volvió a repetir. Encuadrada junto a España, Irlanda del Norte y Argelia, Brasil no tuvo ningún problema en acceder a la siguiente fase. En octavos de final barrió a Polonia con un contundente 4-0, pero en cuartos se topó con la Francia de Platini, que les eliminó en los penaltis. Sócrates lanzó la primera pena máxima de su selección, pero no consiguió marcar. Al igual que en el anterior mundial, se llevaron el premio al juego limpio.

    Sócrates siempre será recordado como un icono del fútbol moderno. Dejó de lado los estereotipos de los futbolistas de la época (barba abundante y cinta en la cabeza) y marcó un camino filosófico que siguió hasta el mismo día de su muerte en 2011 a causa de una infección intestinal fruto de su alcoholemia. "Quien bebe cotidianamente es alcohólico. La bebida ha sido mi compañera desde joven", admitió el propio Sócrates en una entrevista poco antes de morir. Y así fue como el alcohol acabó con la vida de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol.



    Twitter: @JJ_lopezH
    José Javier López Hernando

    Periodista. Antes en @telecincoes y @cuatro. Ahora colaboro en @YOsiSEdeFUTBOL. Deportista y amante de los deportes. Música, lectura, cine... otros hobbies.

    Lee mis artículos en: YoSíSéDeFútbol: Tu Blog de Fútbol.

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