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    jueves, 15 de octubre de 2015

    Ni quitar, ni poner, mejorar

    El fútbol es pasión desmedida, afición incondicional, apoyo inquebrantable, amor por unos colores y una manera de ver la vida. Cualquier cosa que añadamos o quitemos del deporte rey no puede afectar a esta idiosincrasia propia del balompié. Obviamente, los deportes evolucionan igual que evoluciona la sociedad que los practica pero su origen, su espíritu ha de permanecer inamovible, porque variar eso sería convertirlo en otro deporte.

    trasdelarco.wordpress.com

    Dicho todo esto, cabe decir que al fútbol de hoy en día le sobra violencia, física y verbal, entre jugadores, entre aficiones y entre ejecutivos. La violencia sólo engendra más violencia y la espiral que lleva el fútbol no es buena en ese sentido. Ganar lo es todo y por ganar se permiten muchas cosas que no serían permisibles en cualquier otra circunstancia. El fútbol, como tantos otros deportes, es ejemplo para muchos niños, ejemplo que debería ser de convivencia pacífica, de superación personal y colectiva, de mejora por el trabajo, de disciplina y esfuerzo como método para crecer y obtener lo mejor de uno mismo y dar lo mejor para el rendimiento colectivo. Sin embargo, cada día más, observamos a niños con más egocentrismo del debido, con más amor por el premio que por el esfuerzo, con más atención al rendimiento que a la diversión, con más deseo de imitar lo que ve  que por ser uno mismo. Si sus expectativas no son las adecuadas, si su tolerancia a la frustración es ínfima y su ánimo por hacer mejor al compañero no existe, el final de la historia será siempre triste, de abandono prematuro de la práctica deportiva, de paso al sedentarismo precoz,  a las horas delante de una televisión, una pantalla de ordenador o cualquiera de los dispositivos electrónicos que, como diablo a ángel, envenenan a los niños con lo fácil, con lo carente de esfuerzo, con la recompensan inmediata. Individualista, intolerante y frustrado, el niño futbolista de hoy en día se divierte menos y abandona antes.
    Y si esto sucede en el plano individual, en el plano colectivo este efecto se multiplica exponencialmente con el consiguiente riesgo de enfrentamientos entre aficiones, insultos cada día más habituales y groseros, faltas de respeto de los unos a los otros y viceversa. Cualquier iniciativa que se emprenda para reducir todo esto a su mínima expresión, será bienvenida. Si el ejemplo es bueno, el efecto espejo será mejor. Si esto sucede, la práctica deportiva se alargará más en la vida de las personas y eso es un beneficio social, económico y cultural para la sociedad que lo consigue.

    A todo esto podría contribuir, en gran medida, la introducción de avances tecnológicos que permitan avanzar en la justicia de las decisiones, en la velocidad de las mismas. La polémica aviva las discusiones y éstas, en muchas ocasiones, generan la tan manida y ya citada con anterioridad, violencia verbal y física; y es inevitable peroni mucho menos imprescindible. Los árbitros ya se pueden comunicar entre ellos, mejorando la velocidad en las decisiones. Goles fantasma, balones que no sabemos si han atravesado líneas en su totalidad o no, fueras de juego que deciden partidos; son todo un conglomerado de decisiones que se podrían tomar con más criterio y sin disminuir la velocidad si el futbol invirtiera en dispositivos electrónicos que permitieran mejorar todos estos aspectos del juego sin que se tuviera que interrumpir el mismo en mayor medida de lo que ya se hace. La inversión sería mínima si la comparamos con las ingentes cantidades de dinero que mueve hoy en día el mundo del fútbol, pero el resultado podría ser tan beneficioso para evitar casos como el de Argentina donde muchas familias renuncian a asistir a los campos por el temor a la violencia que allí se respira. Todo es ponerse.




    VICENT Sarrión i Peiró

    Mestre de professió. Blogger per afició. Valencianista per devoció.

    Lee mis artículos en: YoSíSéDeFútbol: Tu Blog de Fútbol.

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