Duncan Edwards que estas en los cielos.

¿Sabéis que en la iglesia de Saint hay dos vidrieras con la efigie de un jugador de futbol? Es el añorado Duncan Edwards y ambas se puede leer la siguiente inscripción: ‘Hay muchos cuerpos, sólo hay un alma’.

 

 

El 28 de mayo de 1968 por primera vez un club inglés gana la Copa de Europa, su capitán del @ManUtd_Es

Bobby Charlton, tienes unas palabras para un compañero que hacía 10 años que no estaba con ellos, Duncan Edwards.

“Fue la mayor tragedia, porque era el mejor de todos nosotros. Como futbolista, siempre sentí que podía competir con cualquier jugador. Menos con Duncan. Él era el talento, siempre me sentí inferior a él”

 

Duncan fue el primogénito y la desgracia de la pérdida de su  hermana, con sólo tenía 14 semanas, le  unió mucho a sus padres, que siempre confiaron en el afán de superación de su hijo, un muchacho tan aplicado en el colegio como destacado en el deporte.

Debuto el @ManUtd en 1953, con sólo 16 años, lo que le convirtió en el futbolista más joven en debutar en la máxima competición inglesa. Después de su partidazo ante el Cardiff City de Gales, había nacido una leyenda, la del todocampista Edwards.

Porque eso un futbolista total, de ida y vuelta, con condiciones innatas para la defensa, incorporaciones letales en ataque y con una capacidad para el liderazgo que asustaba. Tal fue su irrupción, que en sólo diez partidos se convirtió en el referente de los Busby Babes.

 

Sus cambios de juego y remates desde fuera del área le catapultaron a la selección con sólo 18 años y 183 días, contra Escocia el 2 de abril de 1955, siendo el debutante más joven de toda la historia de Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial.

 

Con 21 años, Super-Edwards, como fue bautizado por el Daily Mirror. Había jugado 175 partidos oficiales con el United, estaba en la cresta de la ola y los ingleses le veían como la principal baza de los ‘pross’ para conquistar el Mundial de 1958, en Suecia

No fue asi y  los dioses del fútbol lloraron un 6 de febrero de 1958 ….

Aquella noche, en Munich, el vuelo 817 se estrelló con toda la expedición del Manchester United. Los Diablos Rojos volvían de de Belgrado, donde se habían enfrentado al Estrella Roja en partido de semifinales de la Copa de Europa, y habían hecho escala para repostar en Baviera.

Bajo una fuerte tormenta, el aparato 817 de la compañía BEA, no pudo despegar. Lo intentó en tres ocasiones, pero a la tercera acabó estrellándose contra la pista y contra una casa que se levantaba al final del aeropuerto, lo que motivó el posterior incendio del Elizabethan.

Murieron 23 de los 44 pasajeros, entre ellos ocho jugadores y nueve periodistas. Entre los supervivientes un joven suplente, Bobby Charlton que volvería a nacer en el Hospital Rechts de Isar.

Aquellos días fueron una tragedia para los hinchas del Manchester United. Matt Busby, al que un sacerdote llegó a visitar y dar la extremaunción, comprendió que debía enviar un mensaje de esperanza a sus hinchas:

“Damas y caballeros, les hablo desde una cama en el hospital de Munich. Después del accidente sufrido hace aproximadamente un mes, les gustará saber que los jugadores que quedan y yo mismo nos estamos recuperando poco a poco”.

La gran estrella del United, Duncan Edwards, se debatía entre la vida y la muerte. Llegó medio muerto, habiendo perdido gran cantidad de sangre, y necesitaba un riñón artificial. Por alguna ignota razón, Edwards se aferraba a la vida.

En mitad de su agonía pidió a los médicos que avisaran al ayudante de Busby, Jimmy Murphy. Tenía una cosa muy importante que preguntarle:

– Jimmy, una pregunta ¿A qué hora es el partido contra los Wolves? Ese partido no me lo quiero perder de ninguna forma. ¿A qué hora jugamos?

Duncan había perdido mucha sangre. Pero el principal problema era su riñón destrozado. Los médicos necesitaban conseguir uno artificial. A pesar de ello aguantó estoicamente las curas, soportó las heridas e incluso estuvo consciente para bromear con el personal del hospital.

El riñón artificial llegó a las 32 horas, pero no funcionó. La sangre de Edwards se había coagulado y el interior de su cuerpo comenzó a provocándole una sangría interna. Su estado empeoró y falleció en silencio un 21 de febrero. Había regateado a la muerte durante quince días.

 

 

La traumática muerte de Edwards conmocionó el mundo del fútbol, y dejó un vacío insustituible en el corazón de Manchester. De aquel equipo legendario se salvaron Busby (el alma mater de los Red Devils), Berry, Blanchflower y Gregg, así como el prometedor juvenil Bobby Charlton.

A día de hoy, en la iglesia de Saint Francis, resisten al paso del tiempo dos vidrieras con la efigie del añorado Duncan Edwards. En ambas, aparece vestido de futbolista y en una de las efigies puede leerse la siguiente inscripción: ‘Hay muchos cuerpos, sólo hay un alma’